Hace años el grupo Shamán celebraba el día de la palabra el 20 de marzo. Este texto lo encontré de casualidad, creo que pertenece a la celebración del día de la palabra del año 99 del siglo pasado. Y creo que es de Manolo. "¡Palabras! ¡Simples palabras!... ¡qué magia sutil contienen! Parecen conferir una forma plástica a lo informe y tienen una música propia, tan dulce como la del violín o el laúd. ¡Simples palabras! ¿Hay algo más real que las palabras?"
Tal ycomo podemos comprobar en el extracto de
El retrato de Dorian Gray, para Oscar wilde, la palabra rozaba lo sublime. Hoy día, sin embargo, han cambiado mucho los gustos, sobre todo si uno se pasea por los pasillos de cualquiera de nuestros institutos o colegios, o simplemente enchufando el querido y adorado televisor.
No obstante, siempre queda una luz, un huequecito por donde mirar más allá; el pasado día 20 de marzo se celebró el dia de la Palabra (muy en la onda de las celebraciones que suelen pasar desapercibidas) y, claro, nuestra admirada y amada ciudad, paradigma de nada, no quiso ser menos. No salió ni un pequeño suspiro, ni un acto, ni un cartelito, ni siquiera u "¡ah!, se me olvidaba... que hoy es el día de la palabra".
A pesar de todo, en el Club del Cuento (en el Albanta) se organizó un especial de cuentos para celebrar la susodicha fecha. Parece ser que los cuentacuentos son los único que se preocupan de mimar su más preciado instrumento de trabajo.
En muchas ocasiones, tenemos tendencia a mirar con asombro todo lo que viene de fuera, sin embargo, sería saludable regocijarse de vez en cuando de aquello que tenemos tan cerca. Los cuentos se pueden oír en Cádiz desde hace mucho tiempo. El grupo Shamán comenzó hace ya diez años a contar cuentos, ha pasado ya tanto tiempo, han contado ya tantos cuentos que cuando ven una fotografía de aquellas primeras actuaciones se asustan de lo jóvenes que estaban. Luego vinieron otros grupos. Tusitala aportó su granito de arena, más tarde Pandora, pero, a pesar de todo en Cádiz hay gente que no se entera de los cuentos.
Mirándolo bien tiene su lado positivo; el hecho de que los dirigentes, políticos, recomendados, etc. no se acuerden de que en Cádiz hay gente que hace cosas más o menos interesantes nos proporciona el placer de no tenerlos como "público-maniquí". Y no es menos cierto, que si lo único que pueden conceder es una subvención, más valdrá sopesarlo bien, porque todo tiene un precio.
De cualquier modo, felicitémonos, no cuesta nada, al fin y al cabo no deja de ser una celebración como otra cualquiera. Pero lo que sí les pediría es que siempre que puedan, escuchen cuentos, o mejor aún, cuéntenlos.