
Anoche tuve el privilegio de compartir el público del Pay con Txapela. Abruma la cantidad de información, de paranoyas por segundo que es capaz de diluviar sobre el público, que casi no puede reparar en las croquetas (quienes estuvieron anoche allí saben a qué me refiero; quienes no pues :-p). Y digo lo de diluviar porque como en el dibujaco de arriba, de diluvios fue la cosa. Pero tambien hubo estrenos. Una pesadilla en el Carreful de Estambul repleta de zombies de la sociedad de consumo, no apta para huevones de última hora. Referencias, juegos de palabras, libre asociación de ideas y algún que otro chiste malo, todo hay que decirlo. Pero como él es el primero que lo reconoce, y se ríe de lo malo del chiste, pues hay que reírse con él. Y sobre todo, y lo que más me gusta de Txapela, su afición a andar por la cuerda floja, a quererse permitir en su casa (el escenario) lo que a lo mejor no debería, y duda, y se lo permite, y se arrepiente, y el arrepentimiento le dura poco. Porque se nota que nos gustan ciertas osadías.
Y además quería agradecerle desde aquí que cambiara de planes para contar juntos la historia de Noé. Y quienes estuvieron anoche en el Pay-Pay tambien deberían. Gracias, Manolo y hasta otra.